Lidia

Es vista por todos respirando hondo, serenando sus pasos, y andando cada vez más de apoco. Senil, vieja, chocha, que entre tus vástagos me deslizo, te veo… y pienso, en la primavera, en el otoño, en la flor de tu nombre, y en los cuentos que te llevas. – Lidia-

Junior R. Velázquez L.
14.03.2013

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Defensas

laberintoDefensas, he visto la dura piel de Sigfrido templada en el escudo de un espartano, supe de Heracles y su cobija… el león de Nemea, de la antigua Escocia e Irlanda, de su furia contenía por la muralla de Adriano… Britania, Francia y Maginot, la estepa de los rusos y su general –El invierno- no más frio que el semblante o el rostro inexpresivo de un inglés. Siempre fueron muchas las corazas y laberintos que protegieron a la gente -y a las bestias de la gente- la roca que salvo al hijo -Zeus- de su padre, Creta, Minos, el escudo de Perseo y la entrega de Andrómeda, los ojos que defendían a una de las gorgonas, el vértigo de Ícaro y Dedelao que resguardo -hasta la llegada de Teseo- la vida de Asterión y el enigma de un laberinto menos temible que el Arava y el Sahara. Ahora he decir que la vida no me ofreció ninguna de estas defensas, contra el instante aciago solo puedo hacer lo de esta mañana… escribir, sentarme y sentirme. -Defensas-
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Junior R. Velazquez L.

13/06/2014